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Gatsby, un mundo perdido.

20 de Agosto de 2021

El clásico de Scott Firzgerald
Escrita en apenas cinco meses durante su segunda estadía en la Riviera Francesa, El Gran Gatsby es la tercera novela de Scott Fitzgerald. Cuando apareció en 1925 él tenía casi treinta años, estaba casado con Zelda Sayre y habían abandonado su residencia en Long Island para instalarse frente al deslumbrante azul del Mediterráneo.


Cinco años antes, la publicación de A este lado del Paraíso le había dado fama y suficiente dinero como para conquistar a la joven Zelda, una flapper que amaba el buen pasar y a la que conoce en Alabama. En ese tiempo posterior a su primer éxito, el matrimonio frecuentará la dulce vida de las fiestas bulliciosas de la Era del Jazz, el glamur de los ricos y la opulencia vacía de la posguerra que se desbaratará por completo a partir del desastre económico de 1929.


Considerada por muchos críticos como su obra más lograda, aunque no la más madura, El Gran Gatsby es una novela sobre los sueños incumplidos, el desencuentro, la nostalgia, los amores imposibles y el enfrentamiento entre el idealismo y el materialismo. Construida desde el punto de vista de uno de sus personajes, el joven de clase media Nick Carraway, quien en la tercera página ya expresa su desprecio por todo lo que Gatsby representa, la obra puede dar la falsa impresión de ser un retrato sobre el misterio y la fascinación de su héroe central, el enigmático millonario Jay Gatsby.


Un mundo perdido
Como desencantada visión del Sueño Americano, la historia se ambienta entre la modesta casa de Nick en el suburbio West Egg de Long Island, el palacete de su vecino Gatsby, la casa del matrimonio Buchanan, las suites del Hotel Plaza de New York, la carretera que une esos puntos distantes y el moroso transcurrir del verano. En ese mundo falsamente deslumbrante y ocioso se mueven los personajes, extraviados en el calor y en sus propias miserias. Así, Gatsby -que viene de la nada, de la guerra, de los pantanos, de un posible negocio sucio que lo ha enriquecido y de un pasado pobre con otro apellido que impidió su romance con Daisy Buchanan- expresa la frustración de toda una generación. Daisy es prima de Nick y está casada con Tom Buchanan, rico, ex estrella de fútbol, vulgar y violento. A su vez, Tom es amante de Myrtle Wilson, patética esposa del dueño de una bomba de gasolina sobre la ruta que une West Egg con New York. En un juego de fiestas, conversaciones casuales, visitas y encuentros más o menos fortuitos, ese grupo va a dar forma a otra tragedia americana.


En el verano que narra la novela, los cruces se precipitan, y esos seres van desnudando, una por una, sus derrotas y sus sueños frustrados. El esplendor de los ricos es tan sólo opulencia material y soledad. Pero en el caso de Gatsby, el triunfo material es apenas un torpe mecanismo para acceder a su idealizada Daisy. Cuando debe regresar de la cegadora luz del verano a enfrentarse a la negrura final junto a una piscina que no usó en todo ese estío, el relato completa sus significados.


De la tragedia sólo escapa Nick, tal vez porque ha entendido el significado del juego. El alter ego de Scott Fitzgerald reflexiona en la última frase de la novela: “y así vamos adelante, botes que reman contra corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”. El mundo de Gatsby es un mundo perdido, pero también derrotado.