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Un sueño y un bastardo

8 de Agosto de 2021

EL SUEÑO PERDIDO

Los sueños no se olvidan: se pierden. Federico Fellini, director cinematográfico, fue visitado tres veces en sueños por Pablo Picasso. No se conocían y nunca se habían visto antes. Coincidieron una vez en la alfombra roja en el festival de Cine de Cannes en 1958 pero no se encontraron y nunca lo harían.


En el primer sueño, fechado el 22 de enero de 1962, acompañado por su esposa Giluletta Massina, Fellini visita la casa del pintor y se reúnen en una cocina. “Era una enorme cocina repleta de comida, de cuadros, de colores… Hablamos toda la noche”, consigna el director en su Libro de los sueños.


El siguiente encuentro onírico se produjo el 18 de enero de 1967. “Soñé con Picasso -cuenta Fellini- Éramos muy amigos, me mostraba un gran cariño, como un hermano mayor, un padre artístico…”


El tercer sueño, del 30 de marzo de 1973, se ha perdido, porque como suele suceder con lo que soñamos, Fellini lo olvidó. Solo pudo recordar que se dearrollaba en un circo y Picasso le explicaba cómo el arte africano, en especial sus máscaras, habían influido en su obra. Pero eso era todo. Para colmo, Picasso murió muy pocos días después, el 8 de abril, por lo que no fue posible preguntarle qué había hecho en ese sueño con Fellini. Al director le quedó la sensación de que en ese sueño Picasso le había explicado, no solo la clave de su arte, sino el sentido de la existencia. Pero el sueño se perdió. 

LITTLE BASTARD

El 30 de setiembre de 1955, el actor James Dean murió en un accidente mientras conducía su Porsche Spyder 550 rumbo a Salinas, California, donde iba a disputar una carrera de aficionados.


Corriendo por la Interestatal 466 al llegar al cruce con la Highway 41, chocó de frente con un Ford Custom Tudor, conducido por el joven estudiante Donald Turnupseed, de 23 años -solo uno menos que Dean-. Raro ese apellido, ¿no?
Las fotos del accidente sugieren la intervención de un factor siniestro para que esos dos automóviles impactaran en un cruce desolado de una carretera vacía. Dean murió minutos después en brazos de su mecánico, Rolf Wütherich, que viajaba en el asiento del acompañante. Se había fracturado el cuello y varios huesos. Antes de morir dijo que no había visto al Ford. El Porsche, apodado Little Bastard (Pequeño Bastardo) por un amigo de Dean, sería después vendido como chatarra y por partes a coleccionistas y fans de Dean. Eso gestó la leyenda de que los restos del bastardo siguieron provocando accidentes y matando personas hasta sumar ocho muertes en total. 


Volviendo al accidente: quiero detenerme en el apellido del otro conductor: Turnupseed. Si se lo separa en palabras, una de las acepciones de “turn up”, es “aparecer como de la nada”. “Seed” significa semilla o simiente. Si a “seed” le intercalamos la “p”que tomamos de “up”, nos queda “speed”, que es “velocidad”. ¿Velocidad surgida de la nada? ¿Apareció de golpe el Ford en sentido contrario? Para colmo, el nombre del conductor era Donald, cuyo significado es “el que gobierna el mundo”, es decir la muerte, la semilla siniestra.


Una de las frases famosas que nos dejó Dean es “Vive rápido, muere joven, deja un cadáver de buena apariencia”. Eso lo cumplió como si actuara el guión de una película en la que Donald Turnupseed se robó la última escena.