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Los ángeles no tienen memoria

12 de Agosto de 2021

La Divina Comedia de Dante Alighieri, obra máxima de la literatura italiana y medioeval, se ocupa de manera ejemplar del rol de la memoria y el olvido en relación al pecado. El narrador Dante se adentra en el antiguo Edén bíblico, descrito con todas las características del locus amoenus o de la naturaleza amiga de la que nos habla el mito de la Edad de Oro, hasta que un riachuelo le corta el paso. Ve al otro lado a una hermosa mujer, Matelda, que le explica los valores históricos y simbólicos del lugar en que se encuentran: el río se llama Leteo en la orilla en la que está Dante y al cruzarlo se olvidan los pecados de la Tierra; en la orilla en que se encuentra Matelda se llama Eunoè, que significa “memoria del bien”. 


Olvido y memoria forman parte también del Paraíso, tal como lo concibió Dante. Los pecados no solo pueden ser perdonados sino también olvidados, como si nunca hubieran existido.


En otro momento del poema, el canto XXIX del Paraíso, cuando Dante ha ingresado a este por mediación de su amada Beatriz, inspiradora del viaje dantesco y objetivo final de su travesía, ésta lo ilustra sobre los ángeles.  Le recuerda que casi inmediatamente después de la creación, una parte de estos se rebeló. Fueron castigados y los no rebeldes fueron premiados. Para aclarar los errores que tan sutil materia ha provocado en los filósofos, Beatriz continúa su explicación sobre las facultades angélicas: los conceptos de inteligencia, voluntad y memoria sólo equívocamente pueden ser usados para ángeles y para hombres. El ángel no aprehende las esencias abstrayéndolas de los objetos sensibles; la voluntad angélica no es una tendencia innata, como en el hombre, puesto que el ángel conoce directamente el Sumo Bien; en cuanto a la memoria, no la tienen porque lo ven todo presentemente en la visión de Dios.


Cuesta creer que seres tan excelsos como los ángeles carezcan de memoria propia. La explicación para mí radica que la memoria es atributo de los humanos y recordar puede convertirse a veces en un castigo o en un deleite.  “Oh, Musas! ¡Oh, alto ingenio! Venid en mi ayuda. ¡Oh, memoria que registraste lo que vi!, ahora aparecerá tu nobleza.”, es la invocación del Canto I del poema que se abre con el Infierno. El autor evoca lo vivido y se dispone a narrarlo con ayuda de las Musas, invocación extraña de Dante porque alude al paganismo pre criatiano. Pero lo que trasunta la invocación es el temor del autor al olvido que puede impedirle ser fiel a lo vivido en su extraordinario viaje desde los abismos del trasmundo a la cumbre luminosa del Paraíso.