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Mi encuentro con Petros Márkaris

30 de Julio de 2021

El auge que en el mundo tiene la novela detectivesca, policial o negra –como quiera llamársele- determinó hace unos años la presencia en Uruguay del escritor griego nacido en Estambul Petros Márkaris. Llegó al Río de la Plata para participar de Buenos Aires Negra y pudo venir a Montevideo gracias a la Embajada de Grecia en Uruguay y a la Fundación María Tsakos. Con esto quiero decir que llegó un poco de rebote, pero por suerte vino. 

Tuve oportunidad de conocerlo en la casa de Embajador Louis Alkiviadis Abatis y conversar en mi torpe inglés con un autor exitoso del género, aunque increíblemente más conocido internacionalmente que en su propio país. Márkaris es además un notable guionista de cine, colaborador del fallecido director Theo Angelopoulos en sus más importantes films. Lo interesante de Márkaris es su llaneza al momento de expresar su método de escritura y la necesidad de la misma. Pero esos son códigos que quizá interesen a los que estamos en el oficio.

Márkaris ha creado un ciclo novelístico a partir de su personaje Kostas Jaritos, inspector de policía y personaje central de varias historias que se han publicado. Un detective griego que se suma a los varios nórdicos a partir del genial Kurt Wallander de Mankell, que se agrega al Montalbano de Andrea Camilleri que a su vez es un homenaje del italiano al español Vázquez Montalbán y su inolvidable Pepe Carvallo. También destaco el Jean Baptiste Adamsberg de la francesa Fred Vargas y el cubano Mario Conde de Leonardo Padura. Con esto quiero decir que hace rato que la novela detectivesca ha dejado de pertenecer al dominio norteamericano, como antes había perdido esa preeminencia la novela enigma o criminal inglesa. Si bien el género tiene un origen anglosajón, cuando Umberto Eco escribe El nombre de la Rosa e inventa una trama detectivesca dentro de una abadía del Medioevo nos está diciendo que está todo permitido. Por el lado norteamericano, la herencia que han dejado Hammett, Chandler, Burnett, McDonald o Chase ha sido continuada por una tonelada de escritores de enorme calidad, como Elmore Leonard o James Ellroy. 

En ese esquema de auge internacional de la novela detectivesca no se debe soslayar que su éxito está vinculado a la esencia de la misma: reflejar las miserias de la sociedad y la necesidad de ordenar un caos a través de argumentos que interesen al lector. Pero, por sobre todo, satisfacer una necesidad básica del ser humano: que le cuenten historias de ficción que lo saquen momentáneamente de la que suele ser una existencia rutinaria y desprovista de acontecimientos notables. Esa necesidad de la ficción también es satisfecha por sucedáneos mediocres a través de distintos mecanismos tecnológicos que por lo general van prendidos a lo audiovisual. La lectura es otra cosa y el ámbito de intimidad que establece puede ser aprovechado por la novela de género que más adeptos conquista en el mundo.

El encuentro con Márkaris me confirmó que en Uruguay y más específicamente en el Río de la Plata existen las condiciones para que la novela detectivesca o negra prospere cada vez más porque el escenario social la pide a gritos: criminalidad creciente, corrupción, relativismo moral, consumismo, ambición, drogadicción creciente, políticos mediocres, instituciones en entredicho, impotencia policial y sobre todo un escenario en el que el público necesita con urgencia alguien que pueda resolver algo en medio de ese caos. El investigador de la novela criminal siempre es uno que intenta restaurar un cierto orden perdido, descubrir la verdad, señalar al culpable y reparar algo del caos que nos rodea cotidianamente. No es fácil esa tarea pero, al menos desde el papel de la ficción (y lo de papel va dicho en varios sentidos) los autores pueden recompensar esa necesidad consciente o inconsciente del lector que por empezar busca entretenimiento y evasión en el buen sentido.

De todo eso fue que conversé con Petros Márkaris, una inolvidable nochecita de setiembre de 2014.